Para muchos, reencontrarse con la rutina puede suponer un cambio demasiado brusco. Se acabaron los días de tumbona, paella en el chiringuito, siestas reconfortantes y paseos al atardecer. Miles de malagueños dieron ayer carpetazo a sus vacaciones para reincorporarse al trabajo. El temido regreso a la rutina implica poner de nuevo el despertador, encontrarse con el jefe y agilizar las tareas pendientes. Sin embargo no todos son inconvenientes. Los empleados sondeados aseguran que pese al esfuerzo que lleva aparejado, continuar con la actividad laboral también «da vidilla» y es reconfortante. Volver a compartir confidencias con los compañeros, ir a la cafetería de siempre y desconectar del ambiente familiar son otros de los alicientes que enumeran los más optimistas. Un colectivo que cada vez es más numeroso.
Así, a tenor de una encuesta realizada por el portal de anuncios clasificados Loquo entre un millar de internautas, casi un tercio de los trabajadores confiesa que no le disgusta la vuelta de vacaciones, ya que le apetece reanudar su vida cotidiana. De acuerdo con el estudio, entre las motivaciones que llevan a los asalariados a considerar el regreso como un consuelo, destacan el sueldo (35%), (ya que un 22% confiesa que le deprime su situación económica tras los días de asueto. en los que la tarjeta de crédito suele echar humo), en segundo lugar la buena relación con sus compañeros (30%) y en tercer puesto la satisfacción laboral (31,5%).
Juan Aranda, empleado de la cafetería Aromas, es de los que ayer retomaron su actividad profesional con una sonrisa de oreja a oreja. A media mañana el bar en el que trabaja estaba a rebosar. Sin embargo, él prefería hacer suyo el refrán de a mal tiempo buena cara. «Después de un mes de vacaciones vengo con muchas ganas. No hay nada malo en regresar. Estoy descansado, de síndrome postvacacional nada de nada», aseguró con premura mientras hacía la cuenta de un cliente.
Su caso no es una excepción. Rosa Muñoz, asesora, comparte esta filosofía. «En 31 días me ha dado tiempo a cargar a tope las pilas y la verdad es que ya echaba de menos el ajetreo de la rutina. No sé si seré un bicho raro, pero personalmente el trabajo me da vidilla», relató a la salida de su oficina.
Más días de descanso
Hablando de días, los caprichos del almanaque han hecho que el periodo vacacional de este agosto de 2007 haya sido algo más largo de lo normal. Y es que, para suerte de muchos, el fatídico 1 de septiembre ha caído esta vez en sábado, con lo cual la gran mayoría de los que debían haber vuelto al trabajo ese día pudieron prolongar su descanso hasta ayer lunes.
Este hecho ha contribuido a que el retorno a la capital y a las principales poblaciones de la provincia haya sido escalonado. No obstante, los accesos a Málaga también sufrieron ayer desde primera hora la vuelta a la oficina. Fuentes del Centro de Gestión de Tráfico confirmaron que el tramo kilométrico del 227 al 232 de la A-7 en sentido Málaga registró circulación intensa desde las ocho de la mañana hasta bien entrado el mediodía.
Pese a los atascos y la nostalgia, empleados como Mari Carmen preferían ver el vaso medio lleno. « El primer día siempre cuesta, pero luego se pasa. En mi caso tengo la ilusión de aumentar las ventas», comentó esta empresaria, propietaria de una tienda. Igual de optimista se mostró Antonio Jiménez, trabajador de Limasa. «Este año, por determinadas circunstancias no he tenido vacaciones. Sin embargo, en mis años de trabajo he aprendido a asumir que tras el descanso toca trabajar. No hay más remedio, así que lo mejor es tomárselo con humor», sentenció este veterano de 64 años.
Eso sí, no todos los malagueños pueden presumir de afrontar la vuelta con esta filosofía. Tras las vacaciones muchos experimentan una situación anímica conocida por los especialistas como síndrome postvacacional. No se trata de un problema preocupante, ni de una forma de depresión grave. Más bien al contrario, puede considerarse como un comportamiento lógico, pues volver a la rutina tras haber perdido el hábito genera un conflicto interno. Durante las vacaciones el ritmo vital sufre un cambio y para muchos, la vuelta al frenético ritmo del día a día puede suponer un cambio demasiado brusco.
¿Los síntomas? Los afectados (un 35% de los trabajadores españoles) se sienten con menos energía y pueden acabar padeciendo una debilidad generalizada, pérdida de concentración, astenia, fatiga, tensión muscular, irritabilidad, insomnio, tener náuseas, problemas estomacales e incluso perder el apetito. La Sociedad Española de Medicina de la Familia y Comunitaria insiste en que: estos cuadros no revisten gravedad y que las molestias deben asumirse «como propias de un cambio de rutina». Quienes sufren estos síntomas pueden consolarse pensando en el próximo puente.