El último año de aglomeraciones.
07/10/2007
Un último verano le queda al aeropuerto de El Prat en el que todavía tendrá que vestir el traje que se le quedó pequeño ya hace años. Le apretará, aún más que en el último lustro, ya que las previsiones apuntan que el número de pasajeros y operaciones seguirán creciendo como han hecho últimamente, entre un 8% y un 10% cada año.
En la gran ampliación olímpica de 1992, cuando se construyeron las actuales terminales A y C y se modernizó la B, incluyendo por primera vez los fingers, las rampas telescópicas de acceso a los aviones, se diseñó un aeropuerto para unos 18 millones de pasajeros, cifra que se esperaba alcanzar en el 2006. Ampliaciones posteriores elevaron su capacidad a 24 millones. Este año, se superarán los 33 millones y si mantiene la tendencia al alza, en el 2008 El Prat sobrepasará los 35 o 36 millones, con lo que podría alcanzar el sexto puesto en Europa.
A la espera de la ansiada T-Sur, que debe abrir en febrero del 2009, a las terminales actuales no les queda nada de margen para absorber tal cantidad de viajeros. En los últimos años ya se ha abierto una amplia zona nueva de facturación entre las terminales A y B. Sin embargo, este verano de récords no se han podido evitar las colas y aglomeraciones, sobre todo porque en la trastienda de las instalaciones –cintas y recogida de equipaje, sobre todo– apenas ha cambiado nada. El Prat crujió a menudo bajo las 1.100 operaciones diarias en los días de más actividad.
El próximo invierno, se aplicará un nuevo apaño al estrecho traje para poder respirar un poco más. En el extremo de la terminal C, donde se encuentra el llamado módulo 0 de embarque para vuelos regionales, se levantará un nuevo edificio, de 2.200 metros cuadrados, que albergará 12 mostradores de facturación, oficinas de venta de billetes y espacios para recogida, clasificación y control de equipajes, además de otro edifico colindante para almacenar maletas.
Estas nuevas instalaciones no van dirigidas a los usuarios del puente aéreo, que ya cuentan con un espacio adecuado en el módulo 1, sino a los de otros destinos españoles. También se utilizarán para descongestionar la terminal B en momentos determinados en los que se produzca una gran afluencia de pasajeros y seguramente se gestionarán en esta zona un gran número de vuelos chárters, que aumentan sobre todo en los meses de verano. Eso no evitará que los pasajeros tengan que mentalizarse de que el último verano en las antiguas terminales habrá que tener paciencia. El Prat está cada vez más al límite, con casi 70 puertas de embarque –30 de ellas a través de fingers– para esas más de 1.000 operaciones diarias, que incluyen llegadas y salidas.
Aunque este año no ha surgido la amenaza de que se repitiera la huelga salvaje del 2006, que dejó a El Prat durante tres días sumido en el caos y que afectó a miles de pasajeros justo antes de las vacaciones de agosto, los sindicatos y el personal han ido avisando de la precariedad, tanto laboral como de las instalaciones y equipamientos.
Este verano, las cintas de equipaje han tenido que pararse a menudo porque no soportaban el peso de tantas maletas. Además, las diferentes empresas de handling, encargadas de la gestión del equipaje, sufrieron problemas por la falta de personal. Las páginas de empleo en internet están repletas de demandas de personal de rampa para estas empresas del aeropuerto.
En cuanto en el 2009 abra la nueva T-Sur, el alivio en las antiguas terminales será considerable, cuando aerolíneas como Iberia, Clickair y Spanair, que ahora ocupan decenas de mostradores de facturación y puertas de embarque, abandonen la terminal B, lo que permitirá una redistribución del espacio que descongestionará sobre todo la empequeñecida terminal A.